“Mi voz en tu palabra” / Esperanza Fernández

ESPERANZA FDZ

Anoche, dentro de la programación de la 53 edición del Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, Esperanza Fernández presentó su nuevo trabajo, titulado “Mi voz en tu palabra“, cuyos temas están compuestos entorno a textos del Premio Nobel portugués José Saramago

Esperanza goza en Mairena del favor delpúblico, que sin embargo se vio ayer contrariado con la última propuesta de la trianera. La flamencura de este disco no es tan evidente como pudiera esperarse de esta cantaora, que lleva toda la vida sobre los escenarios ofreciendo un flamenco nítido y familiar. Precisamente la parte más tradicional de su arte quedó ayer aparcada en favor del repertorio de su nuevo álbum; a excepción de un cante por alegrías, una concesión a la idiosincrasia del festival.

La grabación de esta álbum y sus intenciones hay que enmarcarlas dentro de las tendencias que observamos tanto en el universo flamenco en general, como en la carrera de Esperanza en particular. La hija de Curro Fernández pugnó siempre por desprenderse de ese título, anhelando la impresión de una imagen propia, que no rechazaba su legado pero que aspiraba al acento personal. Esa voluntad ha ayudado a Esperanza a construir una personalidad artística más relevante que a la que en principio estaba destinada. En los últimos años, Esperanza ha querido sortear las rígidas lindes del cante gitano; en primer lugar poniéndose en manos de excelentes músicos y productores, que han sacado un rendimiento tremendo a los registros no demasiado amplios de su voz. Sus discos “flamencos-flamencos” están tratados de tal manera que su cante tradicional sale muy favorecido (escuchen si no su estupendo “Recuerdos”). En esa dirección, Esperanza se atrevió a ampliar su repertorio con composiciones extra flamencas, asimilando distintas influencias. Por ese motivo resulta lógico que este último álbum esté producido por David Peña Dorantes, quién es seguro el músico más capacitado para tejer un flamenco moderno, en el sentido de abierto y viajero. Su trabajo juntos confirma la tónica de esta primera década del siglo XXI, en la que el flamenco se ha convertido en un repertorio musical sobre el que trabajar, más que en el vehículo emocional de un pueblo determinado. Por ello, su visión en el mundo se acerca irreversiblemente a la del jazz, esto es; como un material sobre el que los músicos profesionales pueden experimentar, vengan de donde vengan.

En esta última grabación Esperanza, se enmaraña en la defensa de un repertorio que poco tiene que ver con ella. Las claves estéticas y emocionales del flamenco, desfasadas en este tiempo de frialdad tecnológica, han promovido la búsqueda de nuevos horizontes en la literatura y las artes “cultas”. Hoy no paramos de asistir a espectáculos flamencos basados en pinturas, poemas y hasta en arquitectura* (por citar sólo algunos a los que he asistido, los de Patricia Guerrero, Daniel Casares o María Pagés). Este cultismo desenmascara el complejo de inferioridad que el flamenco arrastra frente a las demás disciplinas artísticas, sin advertir que es él quién más representa a nuestro país en el mundo. No obstante, en la mayoría de ocasiones, los flamencos penetran poco o nada en los significados de los textos de los que se apropian. Más allá de la evidencia de los poemas más populares de Lorca, Alberti y Hernández (el trío mágico de los programadores flamencos) no advertimos ni una sola comunión verdadera entre la poesía culta y el cante, por no hablar de la pintura. Quizás la explicación haya que buscarla en las orígenes del repertorio flamenco (el romance) y su intención dramática. Ni la métrica ni la emotividad del flamenco acaban de asimilar la inyección de textos que no fueron escritos para ser cantados, y que finalmente acaban por sonar como una cáscara vacía.

Mi desagrado por esta deriva no me impide reconocer los logros de discos como el de Esperanza, quién se ha atrevido con un repertorio que se sale de los límites más confortables para ella . “Mi voz en tu palabra” está lleno de hallazgos en la composición y los arreglos, y cautiva por su frescura. Son de mi predilección los tangos y el garrotín, este último usado como single bajo el título de “A ti regreso mar”, donde mejor funciona la unión del texto del portugués con un palo flamenco; ya que se sabe utilizar la melodía golosa y alegre del garrotín para calzar una letra llena de luminosidad marítima.

*Los motivos de este cultismo son múltiples. pero yo señalaría dos de muy básica causalidad. El primero de ellos es la desaparición de Enrique Morente, que ha disparado la construcción del flamenco culto. En segundo lugar, y de un modo mucho más prosaico, la confección de espectáculos flamencos con tintes culturetas persigue ampliar los límites naturales de los flamencos, buscando entrar en programaciones y teatros más allá de los festivales y peñas, muy empobrecidos por la crisis económica. El modo de contratar de los organismos públicos, ya sea en teatros, festivales, etc., implica casi siempre la redacción de un dossier, donde entre otras cosas se explique la intención artística de la obra. Para justificarse, muchos flamencos tienen que enmascarar su arte tras unas intenciones que luego quedan en nada. Y es que parece que es más fácil venderle a un programador un homenaje a Picasso que un cante de Juaniquí, para empezar porque el programador no sabe qué es un cante por soleá.

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